10 ene. 2011

"¿Dulce o travesura?"


Leí a Tom Wolfe, tres carillas de su Nuevo Periodismo. Y me cargué de entusiasmo al pensar que existen inagotables maneras de preparar una entrevista, investigar y narrar mis reportajes. ¿Y si con ésta, mi nueva entrevista, escribo una página de la historia del periodismo?

El entrevistado requirió una preproducción especial y costosa. Tuve que alquilar un disfraz y comprar algunas golosinas. Pero ahí estaba yo, Dario Reverse, frente a su casa, con la mirada clavada en el timbre. Al fin me decidí y toqué dos veces, demostrando impaciencia de niño: ¡Ring, Ring!. Esperé un par de segundos e insistí: ¡Ring, ring, ring!

- ¿Quién toca?

- ¿Dulce o travesura? (propuse impostando voz de niño)

- ¿Cómo?

- ¿Dulce o travesura, señor? Estamos en Halloween

- Ah... niño, niño. Ya te abro.

Aguardé algo incómodo. Cargaba una pequeña bolsa en mi mano derecha, con varias golosinas adentro. Vestía una calza verde muy ajustada y arriba de ésta una malla roja más apretada aún, que me aprisionaba el cuerpo desde el pubis hasta el cuello. Una capa amarilla me envolvía la espalda y el antifaz negro y exagerado ocultaba mi adultez.

- Miren a quien tenemos aquí. Nada menos que al pequeñín y delicado Robin.

- Dulce o travesura, señor (le volví a decir, algo nervioso porque mi representación resultaba peligrosamente creíble)

- ¿Qué me harías, niñito, si te digo que escojo una travesura?

Mi personaje estaba consiguiendo lo que me había propuesto: retratar a mi entrevistado tal cual es y siente, mostrando su condición. Y lo hacía valiéndome de herramientas inéditas para el periodismo. Pero si bien todo salía como me lo había imaginado, empezaba a asustarme.

- ¿Quieres pasar, niño? Iré a buscarte caramelos.

Pasé. Y me detuve en el living. Me ocupé de tener siempre una pared a mis espaldas y de no perder de vista a Grassi. Entró a lo que supongo que sería su habitación y se demoró unos eternos cinco minutos. Cuando salió, mi sorpresa y pánico no lo persuadieron.

- ¡Libremos una sucia batalla, Robin!

El padre Grassi estaba encarnando a David El Pastor, el personaje de Titanes en el Ring. Estaba cubierto por una túnica, calzaba sandalias y sostenía un gran bastón. Empezaba a asecharme y a cerrarme cualquier alternativa para escapar. Era el momento de ponerle final a mi reportaje y revelar mi identidad. El entrevistado se me estaba yendo de control. Y yo ya había conseguido mostrar de Grassi más de lo que me había propuesto.

- No soy Robin, tampoco un niño. Soy Reverse, Dario Reverse, periodista.

Grassi tardó unos segundos en digerir mi revelación. Luego retrucó:

- Entonces sácate ese traje. Quiero verte, cómo sé que no me mientes.

Me había quitado la capa, el antifaz y empezaba a sacarme la malla, cuando entendí hasta donde quería llegar el padre Grassi. Estaba en su casa, desvistiéndome, mientras él me acortaba distancia y margen para eludir su inminente ataque.

- ¿Batman, qué haces acá? (grité, mirando hacia la ventanda que estaba detrás de Grassi).

Grassi volteó para observar. Y yo escapé de su casa.

Mentiría si dijera que ya en mi departamento, al escribir este reportaje, no volví a ponerme tenso al revivir la horrible sensación de ser emboscado por el padre Grassi encarnando a David El Pastor.

A Grassi le gustan los niños y los superhéroes. A la mayoría de la gente le gustaría verlo encerrado.