6 sep. 2009

Cacho Castaña: "No jodas, me hace muy mal"


Tropecé con él a la salida del cine. Cuando lo reconocí bajaba la escalera del Metro justo delante mío. Con tanta mala suerte que al dar el siguiente paso, pise en falso y caí encima de él. A Cacho no le pasó nada, yo me esguincé el tobillo.

-Cacho, te estaba buscando. Me dijeron que venías a esta sala. Quiero hacerte una nota -le dije, ya recuperado, pero todavía sentado en el peldaño de la escalera.

-Tuviste suerte entonces, nene. Acá estoy.

-¿Tenés cinco minutos? Sentate y hablamos -lo invité.

Antes de contestarme, miró algo desconcertado a la gente que bajaba la escalera y nos esquivaba. Saludó a una mujer que lo piropeó. Cacho, sos un bombón, le dijo. Alcancé a ver que el marido de aquella mujer se tocaba el testículo izquierdo y que Cacho lo había notado.

-Bueno, dale, hablemos.

-¿Te molesta mucho que los hombres se toquen un huevo cuando te ve o te nombran?

-Es horrible… y ridículo. Son ignorantes -contestó.


Cacho se esforzaba en parecer despreocupado por la sentencia popular. Yo compartía su argumento en torno a la ignorancia que permite que el mote fecunde. Pero pretendía saber si él realmente estaba convencido de su propio argumento.

-O son resultadistas, si me permitís el término -insistí-. Tipos que llevan la cuenta de todas las cosas malas que les pasaron cuando vieron o hablaron de vos o alguien que tiene tu misma fama. Probablemente actúan preventivamente.

-¿Me hablás en serio, pibe? ¿Vos también creés lo mismo?

-No, de ninguna manera. Pero trato de analizar el fenómeno. Yo soy periodista Cacho Castaña. Ves que te nombro sin miedo, sin la necesidad de tocarme un huevo.

-No seas forro. No jodas, me hace muy mal de verdad.

Con el correr de la charla, Cacho se había puesto pálido, sudaba, respiraba con dificultad. Me asusté. Le sugerí que respirara profundo y se tranquilizara. Me paré como pude, sin cargar el tobillo lesionado. Y le pedí a la gente que iba y venía por la escalera que me ayudara.

-Por favor, escuchenmé -grite lo más fuerte que pude-.
Un médico, necesito un médico. Cacho Castaña no se siente bien.

Al instante me di cuenta de que había cometido un error. La gente entró en pánico. Atacaba la calle o regresaba con desesperación a la sala; muchos, incluso, completaban con rigor obsceno el antídoto antimufa. Quedé solo; Cacho seguía sentado sobre la escalera. Bajé un escalón rengueando, luego otro y otro, hasta alcanzar la vereda. Lo miré a Cacho, que al parecer no había notado mi ausencia, pero se recuperaba. Me toqué el huevo izquierdo y me fui rengueando.

Cacho es un gran compositor, un dandy rústico, de otros tiempos. A veces se va de boca con su personaje. Creo que es un tipo afortunado, pero dicen que trae mala suerte.